Juanar y su Cruz

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Dicen que no hay juramento más honesto que aquel que prometes a tu dios cuando hasta tu miedo, calado y dando bocanadas de sal, naufraga a tu lado como uno más de tu tripulación. Abrazado a un tablón que baila torpe sobre las olas una música enfurecida de trueno y lluvia.

Así comienza esta leyenda, con un mar hambriento y una promesa exhalada a las puertas de la muerte.

La tradición local cuenta que unos marineros que faenaban en las aguas del Mediterráneo fueron sorprendidos por una tormenta que comenzó a bramar y a espolear al mar que los sostenía, a martillear su barco como a un yunque quebradizo.

Allí, en mitad de aquel inclemente escenario, cegados por la bruma y con el norte engullido por el telón de agua, estos tripulantes se encomendaron a su Señor y lanzaron la ofrenda de levantar una cruz en el pico más alto si eran arrancados de la garganta del mar.

Las suplicas fueron oídas y atendidas por el altísimo. Despuntando sobre la cresta de Sierra Blanca, altiva como una corona, la cima 1.178 metros de altura fue vislumbrada por los marineros exhaustos, que pusieron rumbo hacia el faro divino. La cruz había encontrado su lugar.

Escupidos de la tormenta, besaron agonizantes la tierra de Marbella como a un antiguo amor arrebatado y se procuraron cumplir lo prometido. De las entrañas del demacrado navío armaron la cruceta y se encaminaron a remontar la falda del cerro agradecidos de cada paso que daban en tierra firme en una procesión hacia lo más alto.

Juanar recibió su cruz prometida como medalla al deber cumplido, como recuerdo imperecedero de la salvación de estos marineros que a día de hoy —aunque se comenta que la cruz fue reemplazada tiempo después por la actual debido a su deterioro—aún sigue vigilando la ciudad desde lo más alto, ahora acompañada de la figura de la Virgen del Carmen, patrona de los pescadores.

Aunque técnicamente no es la cima más alta de Sierra Blanca —la hermana más espigada es La Concha con 1.215 metros— sin duda alguna Juanar es la más cautivadora, atrayendo cada año a cientos de deportistas y peregrinos que buscan disfrutar de unas vistas espectaculares que aquellos hombres que se salvaron contemplaron en otro tiempo.

Como buena leyenda, nada se sabe de cuándo sucedió, cuánto hay de verdad o cuál es el nombre de aquellos tripulantes o de la nave que alumbró la famosa cruz. Pero como buena leyenda, no lo necesita, pues la experiencia de subir la montaña, respirar ese aire y contemplar Marbella bajo tus pies ya merece cualquier historia.