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El origen de los carnavales de Cádiz que desconoces

El origen de los carnavales de Cadiz que desconoces 1

Resulta complicado hablar de la cultura andaluza sin nombrar a los carnavales de Cádiz. Seis siglos de historia de una fiesta que ha evolucionado con el tiempo y que se vive tanto en la calle como en las tablas del Gran Teatro Falla. La ciudad se transforma durante los días previos a la Cuaresma para la celebración de su gran fiesta.

Si de algo sabe Andalucía es de defender el valor de su historia y las costumbres de su tierra. Cuando llega Don Carnal, todos los ojos están puestos en Cádiz, pues hasta esta coqueta ciudad se trasladan miles de personas desde diferentes puntos de España y del resto del mundo a disfrutar de un ambiente único e inigualable. Como tal, no existen documentos que puedan denotar el origen de los carnavales de Cádiz, aunque todo apunta a que fue durante los siglos XVI y XVII cuando la colonia italiana que se encontraba afincada en la ciudad dejó en esta tierra su influencia, dando lugar al germen de la fiesta que no conocemos hoy en día.

Los rasgos identificativos de los carnavales de Venecia y Génova comenzaron a plasmarse en la ciudad gaditana, dejando una huella que podemos ver en el uso de los antifaces, las caretas, los confetis y las serpentinas. Así mismo, personajes típicos del carnaval italiano como Arlequín, Colombina y Pierrot también quisieron recalar en Cádiz. El disfraz pasa a ser un elemento fundamental, capaz de romper con los órdenes sociales y las represiones, así como de aportar un espíritu de libertad.¿Solo es italiana su influencia? Los carnavales de Cádiz comenzaron a experimentar un gran giro a partir del desarrollo del comercio con las Américas, el cual trajo consigo la llegada de nuevos estilos folclóricos (tangos y colombianas) que eran entonados por comparsas de negros que vivían en la ciudad. Durante el siglo XVI, algunos documentos prueban, que ya en esta época, las mujeres gaditanas arrancaban las flores de sus macetas y se las lanzaban unos a otros a modo de broma.

Ya en el siglo XVII, existieron intentos por acabar con esta fiesta, prohibiéndose por la Corona en 1716 los bailes de máscaras, aunque el pueblo se negaba a renunciar a su celebración. Durante dos siglos, los carnavales de Cádiz tuvieron que ir a caballo entre la libertad y la censura, aunque no sería hasta la muerte de Fernando VII cuando los gremios gaditanos comenzasen a reunirse más frecuentemente para preparar sus cantos, bailes y parodias. No podemos olvidar que Cádiz sería el último reducto que soportó las embestidas de Napoleón, el cual tampoco pudo acabar con sus carnavales. No sería hasta 1830 cuando llegarían las primeras agrupaciones carnavalescas, como la “Cuadrilla de gallegos”, que actuaban en las casas de los adinerados de la época cambio de una limosna. El gobernador de Cádiz por aquella época, Cayetano Valdés, autorizaría la organización de seis bailes públicos de disfraces.

A finales del siglo XIX, el alcalde de Cádiz Juan Valverde, reformaría los carnavales de Cádiz, municipalizando esta gran fiesta y estableciendo una normativa que se mantiene hasta nuestros días. De igual modo, destinaría una partida presupuestaria de 30.000 reales de vellón a sufragar los carnavales. Como pueden comprobar, el gobierno municipal intentaría controlar las coplas que los coros y murgas pronunciaban durante estos días por las calles. Por estos años, los pasodobles de las chirigotas recibían el nombre de valses, ya que guardaban un compás 3×4 a diferencia de los pasodobles tradicionales que seguían un compás 4×4.

No se entendería la historia de los carnavales de Cádiz sin la incorporación de la figura de Antonio Rodríguez Martínez (“El Tío de la Tiza”) a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando sus coros como “Los Claveles” o “Los Anticuarios” marcaron un antes y un después.

Desde sus orígenes, las comparsas mantienen su estilo en cada una de sus coplas, desarrollando el clásico chascarrillo, la crítica política y la sátira social. En 1937, el por entonces Jefe del Estado, Francisco Franco, abolió la celebración de esta fiesta en gran parte de España, aunque no fue posible eliminar de las tiendas de vinos y los colmados gaditanos la esencia de los carnavales de Cádiz. Así fue como en 1948 el gobernador civil Rodríguez de Valcárcel autorizó al coro “La Piñata Gaditana” a que saliese a la calle, marcando un antes y un después en la proliferación de coros y chirigotas en una época en la que la palabra carnaval estaba mal vista por el poder.Los carnavales de Cádiz pasaron a celebrarse en mayo y a recibir el nombre de “Fiestas típicas gaditanas”, manteniéndose la esencia del carnaval gaditano de febrero exclusivamente en la localidad de Trebujena.

La democracia traería consigo la libertad, y por consiguiente la recuperación desde el 15 de febrero de1977 del tradicional carnaval de Cádiz. Doce años antes ya fue declaradoFiesta de Interés Turístico. A finales de los años 80, los carnavales de Cádiz lograron universalizarse más aún si cabe, llegando la televisión pública andaluza a realizar un gran despliegue durante estos días. En 2002, la Fundación Gaditana del Carnaval fue reemplazada por el Patronato del Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas (COAC). Poco a poco, el concurso ha ido ganando tanto en repercusión como en número de participantes, conllevando a que en 2008 se incluyesen nuevas fases previas.

¿Cómo se viven los carnavales de Cádiz actualmente?Su fecha depende cada año del comienzo de la Cuaresma. Antes del Concurso Oficial del Gran Teatro Falla, los ensayos generales de las agrupaciones van acompañados de las fiestas gastronómicas organizadas por las peñas carnavalescas en las calles, consiguiendo dar un sabor a pestiños, erizos y ostiones a la fiesta del carnaval. En el concurso del Falla participan cuatro categorías de agrupaciones (coros, comparsas, chirigotas y cuartetos), y justo después de este, la fiesta se traslada a los barrios de “La Tacita de Plata”, siendo el barrio de La Viña el receptor de la fiesta durante el día y la noche. En la Plaza de San Antonio se celebra el tradicional Pregón del Carnaval, un acto realmente multitudinario.

Tras las actuaciones y los desfiles, tanto de las agrupaciones oficiales como de las “ilegales” (las que no participan en el Falla), la celebración de los carnavales de Cádiz se cierra el “Domingo de la Piñata”. Ese día se procede a la quema de “La Bruja Piti” en la playa de la Caleta. No obstante, la fiesta aún se extenderá durante algunos días más. Y es que los carnavales de Cádiz son parte del legado andaluz y gran espejo en el que se han mirado otras fiestas importantes de España y del resto del mundo.