Un paseo por los orígenes de la Calle Larios

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Quien haya puesto un pie alguna vez en Málaga, ya sea para un vistazo o para toda una vida, le habrá sido imposible esquivar su nombre, que retumba en cada rincón de la ciudad como el tañido de las campanas de la catedral. Bautizada como Marqués de Larios, aunque despojada de su título por el vecino de a pie, esta calle de 350 metros que vertebra el casco histórico desde el 27 de agosto de 1891 es la quinta calle comercial más cara de España y el espolón de proa de la postal malagueña. El pasado mes de agosto la calle cumplió nada menos que 126 años pero ¿de dónde surgió el nombre de esta calle y cómo se convirtió en la vía más importante de la provincia?

Allá por 1880 el Ayuntamiento buscaba modernizar el trazado por donde surcaría la futura arteria y conectar a su vez el centro de la ciudad con el puerto. Sin embargo, las famélicas arcas de la ciudad no podían sufragar las obras, por lo que se decidió sacar a concurso privado la tarea de costear la construcción y el acicalado de la calle, a cambio de asegurar al mecenas urbano una de las futuras viviendas que vestirían la fachada del bulevar.

El 90% de los fondos, 2 millones de pesetas de la época, fueron aportados por los marqueses de Larios, que no dudaron en encargar el proyecto a Eduardo Strachan Viana-Cárdenas, quien buscó inspiración en la mismísima Chicago para diseñar esas esquinas curvadas tan características que han marcado el estilo arquitectónico de la calle. Para los historiadores, fue considerada la más elegante del siglo XIX.

Cuatro años de construcción fueron necesarios para que los ciudadanos pisarán por fin el parqué que pavimentaba la vía de punta a punta, y es que sí, el suelo tuvo este acabado los primeros años de vida del paseo para asombro de los malagueños, que comenzaron a apodarla «el salón de baile». Debido a esto los animales o carruajes tenían prohibido circular a través de ella para no deteriorar la superficie de la tarima. Tras dieciséis años, la humedad y las riadas hicieron su trabajo y la madera fue levantándose y sustituida por adoquines.

Larios fue además pionera en varios aspectos en la época: fue la primera calle en toda la ciudad en tener saneamiento propio y contar con viviendas con dos cuartos de baño y agua corriente, un lujo al alcance de muy pocos bolsillos pretéritos.

El marqués Manuel Domingo Larios y Larios vio levantarse además una estatua en su honor, aunque las vicisitudes históricas provocaron que con la proclamación de la Segunda República fuera lanzada al mar por la turba hastiada de los privilegios del señorío, donde permaneció sumergida hasta el final de la Guerra Civil, cuando fue recolocada en el emplazamiento actual aguardando a los pies de la propia calle.

La próxima vez que paseen por la Calle Marqués de Larios quizás la vean con otros ojos.