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El pueblo más frío del Mundo

Cuando vuelvas a maldecir al mes de enero por necesitar 4 capas de ropa, una manta y la estufa pegada a los pies, imagínate viviendo en Oymyakon (Оймякон en el alfabeto cirílico), Rusia. Perderás el derecho a quejarte de tu temperatura.

Su población no alcanza los 500 habitantes, aunque bien nos puede parecer demasiada gente para las condiciones que tienen que soportar cada invierno: la hierba no crece, por no hablar de los cultivos, los animales no pueden sobrevivir por la noche (18 horas al día de oscuridad) en el exterior, el frío te abraza como un habitante más, las pestañas se te congelan y la saliva se te hiela en la boca y se te clava como púas si decides abrirla en mitad de la calle. Hasta hacer fotos se convierte en una odisea ya que corres el riesgo de que la cámara se congele.

Con sus 60 grados bajo cero, esta localidad rusa ubicada al este de Siberia a 750 metros por encima del nivel del mar tiene su origen en 1920 cuando el gobierno soviético sugirió con no demasiada amabilidad a una población nómada de pastores que se asentaran en aquel lugar alejado de la mano del sol.

En 1933 se registró -67,7ºC y en 1924 -71,2 grados, la más baja temperatura registrada en el hemisferio norte desde que el ser humano es capaz de medir la temperatura. No es de extrañar que hasta el cartel que da la bienvenida al pueblo rece: ‘Oymyakon, la pole del frío’.

Si tienes coche más vale que tengas garaje con calefacción o lo dejen en marcha toda su larga noche, cualquier otra cosa supondrá la avería de tu vehículo. La carne y el pescado congelado es casi la única comida comerciable en esta época del año. Si necesitas ir al retrete tendrás que salir de casa, ya que no se encuentran en las viviendas debido a que es imposible la construcción de cañerías ya que permanecerían congeladas e inservibles. Lo mismo ocurre con las tuberías de agua, que dejan de funcionar los meses más frío para que no revienten. Para bañarse los aldeanos tienen que acudir a las aguas termales de la zona.

Los colegios se mantienen cerrados y el tráfico limitado. Una única y pequeña central térmica es el corazón que bombea calor a todos los hogares, sin ella morirían todos en cuestión de horas. A pesar de las temperaturas extremas, los habitantes de Oymyakon disfrutan, o más bien alivian sus vidas, de un verano caluroso, llegando a los 30 grados. ¿Serías capaz de vivir esta experiencia?