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Redes Sociales: Adorar o destruir

La era de la sentencia. Así denominaría esta era en la que vivimos. Una época en la que no hay lugar para los grises, solo negro o blanco, el tamiz de los 140 caracteres (ahora 280), el juicio inmediato, la edad de ”estás conmigo o contra mí”.

A pesar de la tecnología, a pesar de los avances, de la ciencia, de la historia, seguimos siendo más tribales que nunca, y cualquier excusa que es un firme parapeto donde escudarnos y odiar al que no pertenece a nuestra tribu: una bandera, una religión, un equipo de fútbol, un partido político, una canción, una película…

Sin meternos en fronteras o credos y yéndonos al puro entretenimiento, el cine dentro del fandom se ha convertido en un campo de batalla donde las redes sociales sirven como arma con la que sentenciar un producto. Parece que ya no hay lugar para la reflexión, para los matices, para los pros y los contras, solo hay cabida para destruir o adorar.

Muchas personas están deseando salir de la sala para exponer inmediatamente su firme e inquebrantable opinión sobre la película de turno. Ser el primero puede sumar algunos retweets o likes que para algunos es la diferencia entre el éxito y el fracaso en el escaparate social. Un par de líneas en las que condenarla sin piedad o elevarla a su particular altar de adoración. Una maravilla o una obra maestra o una basura infumable, sin concesiones, sin medias tintas. Y cualquier opinión que difiera lo más mínimo de su sentencia el sinónimo de enemistad, lo que le confiere la potestad de desacreditarla o desmerecer el criterio o inteligencia del otro de la manera que sea necesaria.

Una cierta objetividad, un análisis, cosas buenas y cosas malas con las que quedarnos, es casi imposible por norma general a día de hoy. Una crítica de más de un par de párrafos, la entrada de un blog una charla amistosa en la que exponer diferentes argumentos y distintas opiniones que difieran han quedado sepultadas por el tweet una frase lapidaria en Facebook o la encuesta con él sí y él no como únicas opciones posibles. La mínima expresividad para abarcar lo que a veces es inexpresable. El reduccionismo como mantra.

Las redes sociales nos han conectado a muchísimas personas a cambio de desconectarnos de otras muchas cosas. El placer de tomarnos un café con un amigo o amiga e intercambiar ideas e incluso llegar a un entendimiento sobre algunos aspectos de la película parece una utopía. Intentar una suerte de conversación respetuosa por Twitter sobre con alguien con distinta opinión a la nuestra sobre cualquier tema es ardua tarea con la que sólo unos pocos son capaces de atreverse